viernes, 19 de octubre de 2007

Tis-Tis

Tis-Tis
Por etO

Tú presencia,
Comezón sui generis,
Tis-tis
Me dices
Delineo tus directrices
Que me llevan a ningunlado
Las actrices
Marchan
Fachas de color morado
Fosas que evocan otra cosa
Que no es nada fantasiosa
Lodo,
Barro encamisado
Hacedor de impresiones
Daliescas, sin sentido
De infancias, todas prestadas
Sueños,
Alaridos desquiciados,
Vagos que hablan de un fin,
Hambre que se sacia
Imágenes enarboladas
Fotos
De padres, hermanos, y tías.
¿Quién es ella?
No lo sé.
Sera aquella que decía que...

Tú, presencia, caliza.
actriz que se hace trizas,
Fado de pasion que enfada,
Apareces en mis sueños,
Como una foto, en destellos.
Tis-Tis….dices!

sábado, 13 de octubre de 2007

Migas


Migas
por etO

Se, si estoy o soy.
camino en pastos con hormigas rotas,
aparatos malevolos, cretinos juezes de amapolas rocas.
Se, estando, remembranzas inutiles.
Sabedor de fantasias, abulones ralos y magicos,
piel revestida de lunares galacticos.
Voy, caminando sobre pensamientos.
Intercalados auto-abusos, crecen costras que arranco y muerdo,
me aventuro en sueños para volver a serlo.
Voy, siendo, sabiendo serlo, estando ausente en acontecimientos,
interna lucha de correr despierto,
despierto en sueños, abanicos que vuelan por el firmamento.
Estoy, estando, al corriente vago.
ambulo entre pieles de animales raros,
olores que estan cuando logro identificar el color amargo.
Estoy y soy, casi siempre ausente,
placeres agrios de colores ralos,
venid tristeza, te estaba esperando.
...si algun dia recuerdas lo que dije un dia,
vuelve y grita,
grita y revuelve en mi
toda, toda esa tristeza que he estado cargando.
Vuelve a ser la imagen que creiste que eras,
ante mis ojos dime que me amas,
dime que vienes sabiendo a secas
que soy YO el mismo que caminado viste,
visteme, haz de mi el mismo que se fue y vino, que jamas te olvida.
...si algun dia regreso a ser algo en ti,
grita y calla,
calla y grita
toda esa verguenza que debi sentir al dejar tus huellas.
Vuelve a hacer de mi algo remediable,
real, no ausente,
que ha estado
ahi, uno, dos parpadeos, vuelve.
Despierta, despiertame.

Quedo


Quedo
por etO

Las rocas han cesado de esperar
no hay viento y tu cara se ha desvanecido
de una memoria que osaba albar tu presencia
queda el cansancio y el afan por renovarme
queda el ansia de saber que fue
queda el hormiguero de costumbres sin destinatario
queda una imagen borrosa
quedan huellas en la alfombra y un futuro incierto
quedo muy quedo, quedo yo
sin ti

Flash


Flash
por etO

Ponte aca
no te veo,
si,
ha?
Flash!
Quien sois?
si, tu.
huh?
yo?
Flash!
Permitame,
si,
usted,
yo?
Flash!
Hey!
ruuumm,
ruuummm,
ruuummmm,
Flash!
Permiso,
huh?
permiso,
auch!
Flash!
Ya vio?
huh?
ya vio?
si, usted!
Flash!
Llantas,
humo,
parabrisas,
crash!
Flash!
Diagnostico:
alcohol,
chofer,
Al fayed,
Flash!
Crash!
Clash!
Flash!

Rinocerontez


Rinocerontez
Por etO
Tez
falico estiramiento revulsivo,
inmoralmente moral,
pulcro desencogimiento.
Cero,
canto arabigo, nulo de valor confeso
de algo que penetra y planta,
de algo que te llama, flama.
No,
gaseosa combustion inculta,
oculta piel de vulva,
rosa, tersa, humeda.
Rito,
de aglomeraciones turbias,
de una niñez con someros recuerdos,
solemne ministerio.
Rito
no,
nula
tez.

martes, 4 de septiembre de 2007

Tanta beleza

Tanta beleza
O conto em portugues
do etO


A amanha estaba cinza, o orvalho cobria cada espaço da casa. As janelas tinham ficado abertas a noite tuda.
Meus olhos estabam de um cor vermelho tão intenso que minha visão se cortaba. Os libros que estabam sobre a mesa suarom lagrimas amarelas, as letras se deslizabam por entre as fendas da mesa. Os dias no mes de julho podem ser pesados e interminávels. Meus dedos se sentiam cortados e duros, minha cabeça viajaba tres centimetros despois do resto do meu corpo.

O cheiro a moranga enchia o lugar. Ela estaba ali, abatida no sofa, desnuda sim defesa algum. Sua beleza opacaba o resto do lugar. Me lembro o dia que a conheci, ali parada na rua em um dia chuvoso com um sol intenso que caia como lanças em guerra.

Ela vestia uma blusa azul, da cor do céu e uma calça jeans. Sua cabeleira era um rio de desejos que repousaba em seus ombros como samambaias me cativo.

Ontem, meus pés a siguierom até aqui. Encontre ela de um senso do humor diferente, mas pausada que antes, não era a mesma.

A menina que conheci faz quatro anos tinha mudado era uma mulher por onde vieras. Seus olhos se moviam rapido, projetando uma rapidez mental que só uma mulher tem.

Suas cadeiras se tinham alongado, e seus peitos cheirabam a flores de verão. Todo era diferente em ela, o movimento da suas mãos, a cadência da suas cadeiras, o vôo do seu cabelho, tudo.

A pessoa que tinha conhecido não estaba ali, era outra mulher que me apaixono uma vez mas. Sua mirada era outra e eu não podia confiar em ela do mesmo jeito que antes, era bela demais, uma femme fatal.

Agora que todo tem pasado, eu estou tranqüilo, agora não importa o que senti o tinha visto de novo. Agora todo esta resolto.

tivesse sido mais fácil, si me tivesse escutado desde um començo, si não fora tam bela, com tanta beleza jamais me ía a ser fiel.
Si não tivesse mudado ainda estariamos felizes os dois vivos.
Agora ela esta ali morta no sofa e eu aqui morto em vida, e ela ali.

Pies de luna

Poesia


Pies de luna
Por etO

Con dos lunas por pies
Yo te sueño, a distancia
Yo te cuido, toda tu toda tu gracia
paso a paso, a distancia

Con dos manos como nubes
Te acaricio
con mis labios como brisa de los mares
Yo te cubro, beso a beso.

Y me refugio en tu pecho,
Me sumerjo en tus pulmones,
Me ingieres sorbo a sorbo
y me resbalo en tus adentros

Somos uno,
Somos sangre,
Somos sueños.

Y regreso cada noche
a adentrarme en tu cuerpo
nadie sabe.

Solo tú y mis pies de luna,
Tú y mis ojos delirantes,
Tu y mis manos como nubes
Tu y mis labios como brisa de los mares

Pies de luna,
eterno andante.

Everone

Everone
Cuentopo
Por etO


Se llamaba Everone, era de tez blanca, no pálida, de aire desdeñado, como si compartiera el gusto del instante con el viento. Jamás sonreía tan solo por sonreír, era especial en ese sentido. La conocí un tres de abril, 8:37 de la mañana, sin café encima y con ansia de empezar el día. Llego preguntándome la hora, se le notaba cierto aire de que en realidad le importaba poco el tiempo. Enfundado en una palidez mental, no carbure la pregunta. Mi cabeza y atención se situaron en analizar sus gestos, ojos, cabello, el filo de su nariz y en como sus labios actuaban en complicidad con sus dientes. Me suele pasar, que cuando mas necesito concentrarme, el lado animal de mi masa encefálica, me traiciona.

-Disculpa-, fue lo único que salio de mi boca, como para hacer tiempo y así tratar de recordar la pregunta.

Ella sonrió burlonamente, como sabiendo de su efecto en mi. Semi-cordialmente, repitió la pregunta pero ahora de otra manera.

-¿Que si me puedes dar tu tiempo?

Me toque la muñeca izquierda con la diestra y mis ojos siguieron el movimiento, mientras mi mente seguí inmerso en sus ojos sabor a miel.
Le dije –Son las ocho, las ocho con treinta y siete-.
Su respuesta fue un –Ah!-. Al huir de todos los tentáculos de mis sentidos sobre su físico, ya de espaldas me dijo, - eso no era lo que yo quería saber-, y se alejo.

Yo, me quede igual que como me encontró, pero aturdido.

Su nombre es Everone, hija de una familia clase mediera, se le ve en el porte. Tiene ese aire de confort que gozan en ese estrato social. No lleva consigo apuro alguno, es fría en su comentario, pica y se aleja. Jamás espera respuesta alguna, sus preguntas no tienen eso como finalidad; te deja el aguijón adentro y goza en silencios al saber que su suculento veneno llegara a inflamar.

La segunda vez que la vi, volvió a embestirme con otra pregunta. Esta vez me pregunto por mi nombre.

Me dijo, - ¿Tú eres el de filosofía, el que se sienta atrás, Andrés, no?-.
Curiosa manera de llegar a al cuestionamiento tiene ella.

Yo asentí, otra vez como idiota, pasmado por el peso que su belleza puso en mí.
Desarmado y con contrariadas ganas de correr huyendo o, abrazarla. De besarla para así parar su embestida. Más ninguno de los dos impulsos se consumo. Una sonrisa idiota fue todo lo que pude ofrecer a ese intercambio de esgrima, de mi parte claro, mas flácido. Ella, como acostumbraba, siguió de frente al ver mi inane sentido de confrontación.

Everone vivía en un estudio situado en el centro de la ciudad. Después supe que el lugar era mayormente su estudio donde vomitaba todas sus dotes de pintora. Este se reducía a un espacio minimalista con una pequeña camita en un rincón, un caballete, victima de vastas batallas, una cocineta para acampar y un refrigerador westinghouse de tres pies lleno de botellas de vino blanco y un seis cerveza obscura. En una de las esquinas del westinghouse se podía ver una calca del Salvation Army y una etiqueta que marcaba $24.99.

Everone vivía como lucia, sin complicaciones. Eso, después de lo físico, fue lo que me llevo a ella. Ese aire de valemadrismo hechizó a mí ser e hizo de mis previas preocupaciones una palmada de cacahuates.

Manejaba una motoneta, modelo ’73, color hueso con una raya azul celeste que surcaba por el frente de esta. La pequeña moto no corría más de 40 millas por hora, hacia un ruido muy particular, como el de una manada de abejorros en celo. Everone portaba un casco blanco que se le veía muy sensual y a la vez chistoso. En cualquier otra persona, por ejemplo en mi, resultaba ridículo y me hacia amorfo. Más en ella, era todo estético y sensual. Portaba unos lentes de mosca, abultados casi transparentes, mas bien azulados. En ellos las rayas de la calle corrían más rápido que la misma motoneta. Everone solía amarrarse los puños de los pantalones con unas ligas para evitar que la cadena del aparato se fuera a trabar con ellos. Tenis converse de gamuza que algún día fue azul claro, y calcetines al tobillo, jamás blancos.

La cuarta vez que la encontré, o más bien que me acecho, me halló más preparado. Esta vez fui yo el que rompió el orden de su pequeño cosmos, donde ella era el depredador y yo la presa.
La recibí con un – Son las tres con quince y me llamo Andrés, el de filosofía que se sienta atrás-.
Ella sonrió. Desarmada, seguí sin dejarla hablar, le hice saber con miradas mas que palabras cuanto, que tanto, me gustaba.
No la toque. Me imagine que al tocarla hubiera sido demasiado y que tal vez la hubiera acabado asustando. Después, reconsideré la estrategia, a ese ser no le asustaba nada. Lo único que pudo hacer, después de sonreír, fue estirar el cuello y tirar la cabeza atrás mientras seguía hilvanando el contraataque. Al no tener arma en mano, siguió de largo, revirando después de tres metros y entre los dos milímetros de apertura de se labios murmuro – Me gustas cabrón-.

Everone visita el supermercado cada martes, dice que para llenar el día de algo con significado. Ella piensa que el martes es el día más desahuciado de la semana, interesante perspectiva. El miércoles suele pasarlo en la biblioteca; escoge un piso y al azar elige varios libros, de los cuales elije paginas, de las cuales elige párrafos, de los cuales elige palabras y todo esto la lleva al tema para el próximo cuadro. La semana pasada, el tema fue “Horowitz, conductor judío de un taxi en Panamá”. Decidió plasmar la nariz de Horowitz, surcando en cuatro ruedas la avenida central, desembocando en el canal de Panamá.

Everone a veces duda de su realidad, y para eso suele hacer varios ejercicios mentales. En ellos encuentra recurrentemente que aun con todo y duda, prefiere vivir en esa realidad que la posible opción correcta. Yo, estoy de acuerdo.
Nunca hemos hecho el amor, no hemos coincidido en eso, como ella me dice. Everone suele masturbarse cada jueves por la mañana, antes de empezar el día; al despertar, en ese espacio entre el sueño y despertar de la conciencia. Everone galopa sobre sus dedos, aprieta fuerte sus senos y muerde el dedo índice de su mano izquierda con una lujuria que solo puede venir de sus labios mojados. Se retuerce por toda la pequeña cama y las sabanas bailan a la par de ese suculento vals donde todo como una unidad contribuye a esa monorgia.

Los viernes son de trabajo. Escribe un poco. Escupitajos de ideas sobre una libreta negra que mantienen cerca del caballete. Brinca por todo el flat, según ella que para atrapar pensamientos que ambulan por ahí, flotando. Después, dadas las 12 de la tarde, se pone a mezclar pintura y juega con descubrir colores nuevos. Un 27 de febrero de 1986, cuenta que descubrió el amarillo mas fantastico que jamás visto; lo bautizo “Copernico”. Jamás me quiso revelar la receta. Como para empujarla a revelar el secreto le dije que no le creía. Ella se siguió de largo y del closet saco un cuadro en el cual resaltaba el más fascinante amarillo que jamás he visto yo. Fue ahí que conocí a Copernico.

Tres horas más tarde, a las tres, es hora de tomar vino, queso y jamón. Como un rito, que según Everone le ayuda a concebir sus pinturas, lo realiza totalmente a solas. En ese instante se desconecta de todo y se dispone a pintar. Mientras ella pinta, yo me guardo, adentro, donde nadie me ve. Aprovecho para tomar una la siesta a sabiendas que en unas horas, me despertaran los latigazos encarnados en labios de Everone.

Sus nalgas son de una tesitura solo comparada con la piel de un durazno. Sus piernas se deslizan y mojan el piso y su pelo estalla en el espacio para competir y vencer al sol. Su voz, es ronca pero dulce, no la explota mucho, así que uno no sabe hasta que punto en realidad llega. La guarda como quien guarda un gemido. Cuando habla parece que llora, y no lo digo por el timbre, sino por el sentimiento con que evoca en cada palabra, selectiva. Como el gemido de una mujer, que desarma. Sus tetas son pequeñas, le permiten esa agilidad que ella necesita para llevar el día. Huelen a niña, saben a vino maduro, merlot quizás, fuerte de grosso cuerpo, a uva morena. Su ombligo es verdaderamente el centro de toda ella. En el se encuentran todos los puntos. En el se vive para lo único que vale la pena, aunque sea un diminuto instante.

Everone camina,
A lo lejos su silueta
se pierde con el viento,
con el vapor que exhala el pavimento.
Entre luces, asfalto, líneas
Y colores casi muertos,
Ella triunfa ciñéndose en ellos.

El sábado es especial, quizás el día mas apto para verla de frente. Ese día por la mañana,
Ella camina recto,
Por la tarde su cuello
Se sumerge en cadencia que juega a adivinar
Coplas que le dicta el tiempo.
Por la noche,
Todo su cuerpo
Se pierde en remolinos
Fabricados por la gente
Se pierde, y yo a distancia
La sigo,
La sigo a distancia,
Siempre.


-¡Andrés!-, me grita.
Pero Andrés desaparece, y es solo Everone y su tierna y magullada mente.

La costra

La costra
Cuento
Héctor Ugarte

Allí estaba; viejo,
decrepito,
sórdido,
mecánico,
inútil,
hermético,
sin gracia;
envuelto en miedos.

Su color arcilla, emulaba un llano rustico y lodoso, agrietado por la vejación del tiempo. Era como el último recinto que la vida le brinda a un alma cansada. La oscuridad que albergaba éste, al hundir mi mirada en su fondo, dilucidaba rinocerontes galopando entre humo, y solo por un instante, sentí miedo.

El espejo, retándome a confrontar aquella imagen decrepita, llevo mi mirada hacia mis propios ojos. El recuerdo de infancia me acecho. Mis primos, que me llevaban años, solían encerrarme en él y esperar mi desesperación al punto del llanto. Desde adentro, la arquitectura del párvulo lugar resultaba amplia. Al principio, mientras la calma estaba todavía en mi, la línea de sus tablas resultaba un enlace entre lo real y lo que solo nadaba por la corriente de mis sentidos. Esos instantes fugaces, coloridos, escasos de sonidos claros y llenos de sombras que cascabeleaban justo ahí, en ese instante que todavía era mió.
El cansancio abrigaba mis vísceras y mi infantil joroba me empezaba a calar. Detrás de aquella obscura loza podía imaginar el revoloteo de primos; riendo, mirándose entre ellos con miradas crípticas llenas de complicidad, ojos cargados de expectativa, de terror ajeno que justo ahí, les resultaba gélidamente divertido.

El trance acabo y caí al resbalar mi mano entre recuerdos y realidad en el filo de su orilla. Mi joroba, ya rancia, volvió a sentir el frío de su fondo, y sin advertirlo a tiempo, la loza, ahora ya sin primos, golpeteo con una cachetada el lado diestro de mi cara. Después, el cerrojo confirmo la faena.

Aturdido, reí nerviosamente.

Allí estaba yo, viejo,
decrepito,
sórdido,
mecánico,
inútil,
hermético,
sin gracia;
envuelto en los mismos miedos.
Mis gritos que hubieran llenado el cuarto con humo en mis años mozos, de volvieron gemidos lentos, vergonzosos.

Hice nada. Me quede ahí, fingiendo sueño.

El sueño se volvió costra que se desmorono en el tiempo.

La cita: Falso atardecer.

La cita
2005
etO

Era jueves; desperté y las sabanas lucían de un frío albo que jugaba con mi piel. El fresco de la tela siempre ha exaltado mi despeinada sexualidad por las mañanas.
La ventana, entrecerrada, dejaba entrar la brisa que suele exhalar la mar en estos días de otoño, y los rayos que alcanzaban a colarse por ella jugaban carreras en la pared opuesta.
Suspire, y mi tufo a deseo y sueño, me hizo rolar los ojos hacia atrás y estirar mis piernas hasta escuchar el crujido de mis dedos de los pies. Empuñe la sabana con mis manos hasta sentir el ajuste en mi espalda y piernas, y solté.

Era el día.

Mi imagen, aun dormida en el espejo, no se decidía entre poses amorfas de un ser que camina en dos pies. Corrí mis dedos por el cráneo y mis ojos volvieron en si, enfoqué.

Me vestí; camisón blanco, sandalias, liga al pelo.

El desayuno resulto refrescante; mango y melón partido en cuidadosos trozos de tres centímetros cuadrados. Suficientes para fraguar cuestiones de placer oral haciendo correr al jugo por las comisuras de mi boca.

La cama, sin tender. Para que hacerlo ahora y al rato otra vez.

Barrí y trapeé sin limpiar, con la precisa intención de agotar el conteo.

Por fin, cuerpo en cama; cabeza reposada sin almohada, piernas tendidas en posición de 7:25 p.m. Cabello entremojado, camisón al piso, y mis dedos pulgares e índices separando mis labios lo suficiente para que la visitadora púrpura llegara, hecha brisa, sin esfuerzo a él.

Paredes blancas y bruma conspiraban remozando mi coyuntura al ritmo de las pulsaciones de mi ser.
Cuello espasmito, boca abierta, ojos en el vació, roja mi piel.

Exhale. Bienvenido, “Falso atardecer”.
El arte del engaño en vilo recrea la vida misma, al llenar los huecos vacios de la vida, de una ficcion posible. etO

Con el afan de poner en vilo los resultados de una creatividad cautiva, la pagina Farsa Perene llega a tener vida. Los invito a visitarla y participar periodicamente. Espero y les guste.