El Bicentenario; la celebración y la resaca.
Por Mahatma Migrant.
Bajo las luces y la pirotecnia que trae consigo las celebraciones del centenario y bicentenario ya es tiempo de que esta generación mexicana, ya en su etapa adulta, desde su nacimiento como etnia mestiza, despierte a la realidad de todo esto que llamamos nuestra historia nacional. Ya no tenemos que poner como excusa la necesidad de unidad con el fin de la construcción de un nacionalismo ni patrioterismo necesario para unificarnos. Ya no podemos seguir bajo el emborrachamiento de las promesas de una “independencia” o una “revolución” que en verdad nunca llego, ni la una ni la otra. Toda resaca, producto de una juerga histórica como la nuestra, es cruel y violenta, pero de que debe de llegar eso es inevitable. El dolor de cabeza, el mareo al tratar de levantar la vista, la nausea que nos causan los ricos olores de lo que se esta cocinando en el extranjero, el trastabille al caminar, al tratar de llegar a nuestra cocina por un fresco trago de agua; los síntomas están ahí y no hay manera de ignorarlos. Nuestra emergente raza política, descendiente de una madre que tuvo que entregarse al extranjero tan solo porque mostraba ser el menos peor de los destinos. Hernán Cortes no derroco al imperio Azteca, imperio usurpador de las libertades de los pueblos meramente mexicanos que en su tiempo habitaban el valle de México. Imperio Azteca que llego a serlo en base al sometimiento de los demás; imperio que bajo la mano dura y cruel de la guerra logro ser imperio. Nuestra patria, producto de un padre gachupin que con el hambre de conquista hizo de esta tierra su pequeño reino minúsculo a la sombra de los reyes católicos. De un padre que llego siendo un “hidalgo”, o sea hijo de algo o alguien, que vino al “nuevo mundo” a sentirse alguien ya que en su patria no era mas que el próximo a su lado. De un padre que venia de ser conquistado por setecientos años y que compartía con las otras naciones indígenas del valle de México el sentimiento de ser tratado como una vil tierra conquistable. Hijos de esta clase política que sintió que heredaba la calidad de rey y que en su adolescencia quiso ser caudillo y que acabo siendo un mañoso viejo truculento que no supo ni sabe otra cosa que engañar para subsistir en el poder.
Nuestra historia esta plagada de mentiras nada piadosas, ya que la historia oficial que se nos enseño desde primaria nos la fueron construyendo con el afán de hacer patria, de crear una identidad que no existía, de un hibrido sin el periodo de formación necesario para ser “algo”. ¿Hacer patria a costa de que me pregunto ahora? A costa de pretender vivir en una democracia inexistente que se basa en compadrazgos muy al estilo de nuestra madre patria y su influencia romana. A costa de que nos construyeron héroes que en realidad fueron villanos, y después los verdaderos revolucionarios, los que si sintieron que la verdadera revolución es revolucionarse a si mismo; a esos los bajaron al grado de bandidos y anarquistas como lo hicieron con los hermanos Flores Magón, Pancho Villa y Emiliano Zapata. ¿A costa de que tenemos material suficiente para celebrar este Bicentenario? La única respuesta puede ser, a costa de celebrar por celebrar, ya que eso se nos da muy bien en México mientras los ricos y explotadores siguen siendo los mismos y los pobres y subyugados siguen en su lugar. Y después de tanta celebración señores míos, tengan la certeza que nos llegara la resaca, la cruda realidad; solo que sigamos emborrachándonos con ideas de que la revolución existió y que la independencia se logro, solo hay que ir a Cancún y ver quienes son los dueños de los grandes consocios hoteleros (Meliá y Riu et al. Empresas españolas), solo hay que asomarnos a el sistema bancario mexicano y ver quienes son los verdaderos dueños.
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