La idiosincrasia mexicana
Por Mahatma Migrant
A doscientos años de que México existe como nación no me deja de causar una sutil pero constante comezón en el pensamiento del porque nuestra bella nación no ha avanzado al paso de otras civilizaciones y culturas que por mucho, históricamente hablando, fueron menos desarrolladas que muchas de las que llegaron a formar México, como la cultura olmeca, tolteca y maya. Con el afán de dilucidar en esta búsqueda interna y externa y tomando como excusa el bicentenario, tan manoseado y politizado en estos días, me dispongo a ayudarme a mi mismo y por que no, a aportar a esta auto-exploración generalizada de la idiosincrasia del mexicano y de México mismo como identidad ante el mundo.
Empezare lector amigo con un tema que por mas se le conoce al mexicano en el mundo. El mexicano es amado por el mundo por muchas cualidades que no podemos negar que existen en el; una de las más significativas es por su encanto y gusto por vivir la vida. Si, el mexicano vive la vida lo más placenteramente posible y es capaz y muy apto para el llamado “desmadre”; el mexicano sabe “echar desmadre”, ha hecho de esta aptitud algo profesional.
Para los que no tienen en claro este concepto del “desmadre”, podríamos decir que es el hecho y la disposición para pasarla bien ante toda circunstancia que afecte el no poder hacerlo. Para poner como ejemplo dos tipos de desmadres, el estadounidense por ejemplo, no sabe echar desmadre, de hecho luce torpe, nada profesional como el mexicano. El mexicano sabe cantar a pecho tendido y baila al son que le toquen, el estadounidense trastabilla y acaba cayéndose tontamente al querer bailar y jamás entona un grito de mariachi.
El estadounidense reposa su profesionalización en otra área o faceta de su vida; en la parte productiva de su trabajo o en las formas de hacer riqueza para un día retirase en su soledad conjunta en algún fraccionamiento para jubilados en Florida. El estadounidense sabe que su familia no va a estar con el, de hecho el estadounidense se sabe solo y tiene que valerse desde muy temprana edad por si mismo, porque al cumplir su mayoría de edad o hasta antes de ello deberá de adquirir un trabajo que le de para empezar a vivir independientemente. El mexicano por el contrario adora el concepto de tener una madre, atesora el nido familiar y batalla para salir de dicho núcleo. El mexicano tiene un concepto de familia más rico que otras culturas y es por eso que la bondad del mexicano ante otros menos favorecidos por no tener madre, por no gozar de una familia es amplia y acogedora. Ahí esta el porque al mexicano se le tacha de malinchista, de vendido ante el arribo de cualquier extranjero ajeno a nuestra cultura y tradiciones.
El inglés, por ejemplo, no es malinchista, el inglés no idolatra la cultura en el otro, solo la usa para asombro momentáneo pero en realidad le importa poco. Para el estadounidense o el alemán de a pie, la aculturación equivale a distracción. El alemán, inglés o estadounidense no trata de cultivarse a fondo, lo hace solo para cumplir y para hacer lo que tiene que hacer para ganar lo que tiene que ganar. El estadounidense sube los escalones del poder por medio de movimientos prácticos y se concentra en eso solamente, así vive su vida, con el confort practico que sus decisiones prácticas y momentáneas le traen a su vida. Lleva una vida desechable y practica sin ataduras prehispánicas o precolombinas. El mexicano no es práctico, ya que lo practico esta carente de emoción. El mexicano creció como victima, con identidad mexicana nacida de un trauma étnico y cultural que vino a dejar en su conciente nacional algo muy pesado. Es por eso mismo que opta por diluirlo con una falta de seriedad ante la vida lo más posible y frecuentemente posible. El mexicano tira desmadre aun cunado goza de mucha madre. El mexicano se desmadra para evadir lo importante porque sabe que al llegar a su casa será consentido por su madre, y si peca será perdonado y cobijado por su madre morena, su virgensisima y por lo tanto valiosísima madre celestial. El mexicano tiene madre en su madre biológica, en su abuela, en su enfermo apego y dependencia a la Guadalupe del Tepeyac, en su latente madrina que esta ahí toda su vida, en su madre patria. El mexicano insulta a otro usando a la madre porque sabe que eso va a doler. Al estadounidense se le insulta insultándolo a su persona “fuck you” al mexicano a su madre “chinga a tu madre”.
El desmadre del mexicano es algo por lo que el mundo lo ama y acoge, pero en realidad y cuando ya las cosas llegan a la etapa de la resaca y se tiene que despertar a la cruda realidad, al mexicano por la misma razón que se le ama se le tiene miedo, no se le toma en serio. El mexicano pasa a ser el ser del “mañana”, el que va a hacer lo que tiene que hacer mañana; “hoy” no se puede contar con el.
El mexicano es el que acaba haciendo el trabajo que el gringo o el alemán hace metódicamente paso a paso día a día progresivamente durante un tiempo establecido, en un día o en unas horas para cumplir apretadamente con el “dead line”. Esta habilidad o giro desesperado ante la irresponsabilidad de llevar un proceso metodico y ordenado es algo positivamente sorprendente pero no deja de ser irregular y visto como deficiente y desordenado ante un mundo que cada vez mas trabaja en equipo. El mexicano también tiene el recurso de lo que coloquialmente se le llaman, chicanadas, estas son sorprendentes y advenedizos trucos de manga a problemas, situaciones o todo tipo de descompuestos ordinarios que surjan en el ámbito laboral. El mexicano se las arregla con un alambrito por aquí y un nudito por aya, un tornillito quitado de otro aparatejo por acullá y un salivazo por ahí. En este mundo globalizado donde la competencia y las plazas dependen del desempeño del mejor certificado en la materia y donde la profesionalización se basa en especializaciones especializadas en diminutas tareas, las chicanadas no son vistas ni apreciadas como parte del juego legal en el desempeño laboral.
Si el mexicano es capaz de competir bajo estas condiciones criticas al igual o en infinidad de veces mejor que cualquiera de otra nación, esto nos dice que si nuestras maneras de llevar la vida en cuestión de avance político, laboral o industrial cambiaran, que si nos volviéramos profesionales en otra cosa que no sea el desmadre; nuestra nación seria fácilmente una potencia mundial en cuestión de logros y producción.
Ejemplos hay muchos de ejemplares mexicanos que han puesto el nombre y el orgullo de nuestra raza y nación muy en alto, pero no es la generalidad del “mexicano” y eso nos acaba por hacernos ver no tan bien.
No podemos depender de las excepciones mexicanas que han dejado huella en la aldea global, gente como Octavio Paz (escritor, poeta), Alfonso Reyes (escritor, filosofo), Guillermo González Camarena (inventor de la TV a color), Luis E. Miramontes (co-inventor de la píldora anticonceptiva), Rodolfo Neri Vela (científico, austonauta de la NASA), Vicente Cervantes (botanista), Agustín Casasola (fotógrafo), Agustín Lara (músico, poeta, compositor), Miguel León-Portilla (antropólogo e historiador), Francisco Javier González-Acuña (matemático), Miguel de Icaza (programador de software, fundador de GNOME), Alejandro Corichi (Físico, investigador del concepto de hoyos negros), Mario J. Molina (Químico, ganador del premio Nóbel 1995), Andrés Manuel del Rio (Químico descubridor del vanadium) etc. etc.
A doscientos años de ser México y de ser mexicanos, es tiempo de despertarnos de nuestro hechizo, de dejar de ser y de sentirnos como victimas, y de volver a ser todos y cada uno seres ejemplares como los antes mencionados, es tiempo de ser excepciones y mas que nada excepcionales ante un mundo cada vez mas cerca, mas competitivo, mas unido por sus diferencias y mas inmediato ante lo que hacemos o dejamos de hacer. Podemos seguir siendo profesionales del desmadre, amados en todo el mundo por nuestro arte al celebrar, de levantar la voz a las coplas del mariachi, de un cielito lindo ya universal, y también podemos ser vistos ante el mundo como profesionales en física, química, tecnología, literatura, etc. etc. etc.
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